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El juego de los chinos

Tras una etapa de pañuelo rojo y puño en alto, enclaustrado en la Moncloa, Zapatero ha cogido su hatillo para conocer de cerca la economía internacional. Para algunos de sus correligionarios, todavía anclados en los planes quinquenales, los mercados son señores de frac y chistera que prenden con sus puros la lucha de clases.  Ya lo decía Mao en su Libro Rojo: “Las clases luchan, unas clases salen victoriosas, otras quedan eliminadas. Así es la historia de la civilización de los últimos milenios. Interpretar la historia desde este punto de vista es materialismo histórico; sostener el punto de visto distinto es idealismo histórico”.

Idealista o no, ZP ha querido conocer de cerca estos entes abstractos a los que ha culpado de la crisis económica y de su pérdida de confianza. Los mercados no son viejos chupópteros salidos de las novelas de Dickens, o amos del universo en versión Tom Wolfe, son fondos de pensiones que administran los ahorros de empleados o viudas; son fondos soberanos como el de China, Qatar o Noruega, -segundo mayor accionista del mercado español-, o fondos de inversión como el americano BlackRock, que es nuestro primer inversor. O si no, ahorradores anónimos que están respaldando las emisiones de deuda del Estado y que, incluso, están comprando los bonos patrióticos de Cataluña al 4,75%.

Zapatero regresa de este viaje a China con un balón de oxígeno en forma de compromiso avalado por el primer ministro Wen Jibao de que el gigante asiático no sólo va a seguir comprando deuda española, sino que van a aportar del orden de 9.000 millones en la restructuración de las Cajas de ahorro. Quizá Zapatero, que es maestro acreditado en el arte del envite, haya echado mano de la habilidad de un antepasado leonés, Felipe Valdeón Triguero, al que se le atribuye, allá por 1787, la invención del juego de los chinos, extendido luego a toda España gracias a la trashumancia y a al Camino de Santiago. ¿Wen, a que no sabes cuántas cajas se esconden en mi mano..?

Artículo publicado por Jesús F. Briceño en el diario LA GACETA (Madrid), el 16 de abril de 2011